Sin poder hacer nada por ti, al despertarme ayer por la mañana te encontré dormido en una esquinita de la jaula, te llamé pero no te moviste como hacías de costumbre cuando intentaba llamar tu atención.
Echaré de menos nuestros desayunos juntos, cuando me llamabas a la puertecita de tu jaula y yo iba corriendo a abrirte contenta de que te despertaras para desayunar conmigo... Una pena solo poder haber disfrutado de ti un año.
Espero que tu muerte haya sido dulce, tal como hemos intentado que fuese tu vida.
















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